El país antes del coronavirus

 ¿Qué debilidades del país ha desnudado la pandemia? 

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Ana (viernes, 27 marzo 2020)

    Muchísimas. En primer lugar, y por enésima ocasión, se nos ha revelado que tenemos un gobierno terrible, incompetente, corrupto y con ningún interés en tomar las medidas necesarias para proteger a la población, ya que estas medidas tal vez no van alineadas con la agenda del saqueo. Que ni siquiera para redimirse ante la población en una emergencia ponen el pecho. ¿Es que es tan complicado dejar de robar en una ocasión? Tanto dinero aprobado para andar repartiendo un repollo, dos plátanos y tres tomates a cinco gatos...

    También, que tenemos empleadores inhumanos, mercantilistas, que ni siquiera por pura publicity o "responsabilidad" social han demostrado ponerse del lado de la gente, siempre van del lado de la riqueza personal.

    Tantas cosas, que no es que desconocíamos, sino que estamos volviendo a ver y a quedar con la boca abierta por el egoísmo de esta gente en el preciso momento en que deben de estar medianamente a la altura de la situación.

  • #2

    El Taller (viernes, 27 marzo 2020 18:31)

    ** Tomado del análisis realizado por el Centro de Documentación de Honduras CEDOH el 28 de marzo de 2020. El análisis y propuesta completa se puede leer en su página de Facebook @cedohorg
    EL PROBLEMA
    Tal y como se esperaba, finalmente llegó el nuevo coronavirus a Honduras, generando la enfermedad denominada COVID-19 y agudizando la sensación de indefensión y abandono en la que nos encontramos desde hace varios años. Aunque es cierto que ningún país estaba preparado para enfrentar una pandemia de tal magnitud, también lo es que nuestro país se encuentra en una situación más complicada, debido al sistema sanitario colapsado por la escasa atención brindada a la salud desde el Estado. En los primeros días de la alerta oficial se evidenciaron las temidas carencias: desabastecimiento de medicinas, falta de equipos, incapacidad de garantizar protección a los profesionales de la salud, déficit de camas, carencia de respiradores, escaso personal y muy poca capacidad institucional para la conducción y manejo de la epidemia convertida en pandemia. A lo anterior se suma la resistencia oficial a incorporar a los especialistas en epidemias, virus y conexos, y a los otros profesionales organizados en torno al Colegio Médico de Honduras, una entidad gremial que ha sido crítica de la atención gubernamental al tema de la salud, pero que conforman el bloque de especialistas que saben del tema y que constituyen la única esperanza de salir de esta crisis con el menor costo posible en términos de vidas humanas.
    Por si fuera poco, la respuesta gubernamental ha tenido un fuerte sello partidario, militarizado, policializado y con fuerte apoyo en las iglesias, poniendo en evidencia la carencia de un liderazgo civil capaz de integrar a los diversos sectores políticos, económicos y sociales, incluidos los que le adversan. Y no es para menos: le tocó enfrentar al nuevo coronavirus a un presidente con escasa legitimidad, derivada de la inconstitucionalidad de su reelección, el cuestionamiento de los resultados electorales que lo proclamaron ganador y los crecientes señalamientos por corrupción y vínculos con el crimen organizado, tanto en el interior del país como en la fiscalía del distrito sur de Nueva York en Estados Unidos, lo que explica su insistencia en buscar el apoyo de sus aliados internos, rechazando a sus críticos, para enfrentar la crisis.
    Por todo lo anterior y pese al interés gubernamental por contener la expansión del virus, el número de contagiados va aumentando aceleradamente y, con ello, la temida presión sobre el sistema de salud y la desesperación social por el encierro, la falta de ingresos para adquirir alimento y medicinas, y pagar las cuentas del día a día. Todo ello clama por un urgente giro en la conducción política de la epidemia, la incorporación de personal altamente especializado en la conducción técnica, la colaboración de una red de instancias de apoyo sectorial y el diseño de una visión estratégica integral que aborde las implicaciones económicas, sociales y laborales, diarias, semanales, mensuales, y semestrales, sin olvidar que, en una epidemia, el ser humano debe estar siempre en el centro de la atención estatal. Y eso debe verse y sentirse en la sociedad.

  • #3

    El Taller (viernes, 27 marzo 2020 18:34)

    ** Tomado del análisis realizado por el Centro de Documentación de Honduras CEDOH el 28 de marzo de 2020. El análisis completo se puede leer en su página de Facebook @cedohorg
    La presión gubernamental por el distanciamiento social y las medidas de prevención es algo fundamental pero no suficiente. Se necesitan médicos especialistas que orienten las acciones y aporten sus conocimientos, experiencia y contactos internacionales para actuar con premura, precisión y visión estratégica. También se necesitan especialistas de la sicología y siquiatría que aporten al manejo síquico y emocional de la población encerrada y desesperada por infinidad de problemas que van más allá de la posibilidad de contagio y que recomienden acciones estatales que se anticipen a los estallidos sociales, el desacato de las medidas gubernamentales y las reacciones violentas ante la ineficiencia del Estado por resolver sus necesidades puntuales, mucho más si ven y comparan la situación del país con la de los países vecinos, en particular de El Salvador. También se necesitan cientistas sociales (sociólogos, trabajadores sociales, antropólogos y otros) y profesionales de las humanidades (artistas, poetas, escritores, músicos, pintores), que le den seguimiento al comportamiento social y sugieran acciones estatales que contemplen las necesidades múltiples y variadas de la población en distanciamiento social. No pueden faltar los organismos de derechos humanos que siempre están ahí, velando por la integridad de las personas y vigilando el impacto de las acciones estatales para denunciar, presionar e incidir.
    La población, aislada en sus casas, se angustia por los pagos que no puede hacer, por el encierro, la falta de ingresos o la insuficiencia de recursos. El Estado debe tomar múltiples medidas para aplacar esa angustia antes de que se salga de control, sobre todo cuando se observan las acciones intimidantes de los prestadores de servicios y de los cobradores físicos, electrónicos y telefónicos que se han convertido en acosadores de una población desesperada, cuya reacción puede ser arriesgada y preocupante. Y para proponer soluciones puntuales están los economistas; los organismos de derechos humanos; las organizaciones ciudadanas; los empresarios de todos los tamaños; los medios de comunicación; las universidades, que siguen estando ausentes y distanciadas de la sociedad; los medios de comunicación, que pueden jugar un papel clave y, por, supuesto, los militares y policías que deben desempeñar un papel de apoyo a la acción estatal, pero, sobre todo, a la sociedad a la cual deben servir.
    Lo anterior nos remite al papel del Estado en general y del gobierno en particular. Es necesario despartidizar, desmilitarizar, despolicializar y secularizar la conducción de la epidemia. Se debe potenciar la conducción civil y ubicar a militares y policías en las tareas de apoyo que requiere una situación de esta dimensión, pero nunca deben estar conduciendo la acción estatal y, mucho menos, sugiriendo medidas que competen exclusivamente a médicos especialistas y a otros profesionales que poseen los conocimientos y experiencia requeridos. Las iglesias pueden y deben jugar su papel en el ámbito privado para tranquilizar a sus feligreses y darles alguna esperanza, acción que debe mantenerse en el ámbito de la laicidad del Estado y respetando el espíritu científico de su abordaje. Finalmente, debe cortarse de raíz la politización partidaria de la conducción y de la ejecución de la acción estatal. La población en general y no solamente los militantes y seguidores del partido de gobierno, necesita alimentos, medicinas, jabón, gel antibacterial, agua y otros. Se necesita con urgencia un estadista y no un caudillo de partido, ni mucho menos un precandidato presidencial que trafique con la epidemia y que coloque una fotografía suya en las bolsas de comida que se reparten, porque esto es ofensivo, grotesco y totalmente reprochable.

  • #4

    Lucila Funes (miércoles, 01 abril 2020 13:16)

    Pensé que esta mañana había escuchado mal al periodista que entrevistó a la ministra de Finanzas, cuando cerró su nota diciendo que el gobierno de Honduras está destinando 3,800 millones de lempiras para atender el coronavirus. “O escuchó mal a la funcionaria o este muchacho no sabe lo que dice”, reaccioné para mis adentros.
    Mejor me remití a la fuente original, la página de SEFIN, y he aquí el primer párrafo del comunicado, reproducido textualmente:
    “El presupuesto estimado para enfrentar la emergencia del COVID-19 asciende a L 3, 804 millones. Este monto comprende, entre otros, la contratación de recurso humano de salud y asistencia humanitaria, equipo médico, equipo de protección, transporte de muestras, insumos de bioseguridad, reactivos, medicamentos, capacitación, mejoras de infraestructura, clínicas, hospitales móviles y entrega de alimentos a través de saco y bolsa solidaria que contiene principales productos de la canasta básica (entre otros, arroz, azúcar, café molido, frijoles y sal)”.
    En un país donde el Estado nos ha cultivado una cultura de desconfianza, sentí que era necesario seguir escarbando en otras fuentes. Antes quiero que los lectores reparen en el siguiente dato: 3,804 millones de lempiras equivale a 152 millones de dólares ó a 127 millones de euros.
    Busqué el presupuesto que Alemania está destinando a tratar la enfermedad. Dice la Deutsche Welle, en una nota correspondiente al 23 de marzo del presente año, que este país aprobó en consejo de ministros un presupuesto suplementario equivalente a 152 millones de euros, “el mayor desde la II Guerra Mundial, a causa de la crisis desatada por la pandemia del coronavirus” (https://www.dw.com/es/coronavirus-alemania-aprueba-un-presupuesto-adicional-de-156000-millones/a-52884534)
    En efecto, el periodista que entrevistó a la ministra de finanzas no faltó a la verdad, ¿pero, es esa la verdad?