Escenarios y perspectivas sociales

¿Cómo quedará nuestra familia y nuestro país en lo social?

¿Qué repercusiones sociales advierte y cómo pueden encararse?

 

¿Cómo se puede fortalecer el valor de la solidaridad? 

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Comentarios: 3
  • #1

    José Manuel Torres Funes (jueves, 26 marzo 2020 11:57)

    Es muy importante tener un espacio como este. ¿Qué escenarios, qué perspectivas sociales? Veo dos maneras de abordarlo: lo inmediato, y 2. El mediano plazo. En lo inmediato; el virus desnudará todavía más las deficiencias del sistema. Creo que debemos aproximarnos a los escenarios por pasos. ¿Cómo funciona el sistema de salud? ¿Cuáles son los mecanismos empleados para organizar a la sociedad en una emergencia de este tipo? ¿De qué manera funciona la solidaridad entre la ciudadanía? Este es, a mi criterio, el punto donde más debemos enfocarnos. Creo que es una evidencia que la ciudadanía no le queda otra alternativa que organizarse mejor y profundizar en su conocimiento del tipo de Estado que tenemos en frente. A mediano plazo, mucho dependerá también de lo que suceda a nivel exterior. Mi propuesta es profundizar en nuestras propias redes ciudadanas. ¿Qué tan organizados estamos? ¿Cómo podemos servirnos de espacios virtuales? ¿Cómo hacer para que las personas más vulnerables sean las prioritarias? Estamos obligados a crear sociedades más solidarias y desiguales. Tocamos temas estructurales. Para mí hay que abordarlos poco a poco.

  • #2

    Aleyda Romero (domingo, 29 marzo 2020 11:50)

    El encanto del COVID-19.

    La desaceleración económica provocada por el Covid-19, fue una oportunidad para ocuparnos de actividades postergadas: familia, casa, lecturas, ocio. Después de semanas de encierro obligatorio, nos preguntamos, ahora qué, cuál es el plan para responder a la incertidumbre de más de 9 millones de hondureños desnutridos, de los cuales, alrededor de un 60% [1] vive en condiciones de pobreza, aliviada por las remesas familiares que representan un 41.4% del ingreso total de las divisas del país, superando por mucho, lo que se capta por exportaciones, servicios y maquila.

    Esta suspensión histórica de la economía planetaria, ha abierto el camino a la reorganización cibernética[2]. El Covid-19 se está convirtiendo en una especie de ensayo mutado, que está definiendo el futuro de las relaciones comerciales del mundo, se puede prescindir del sujeto-móvil y ser sustituido por el sujeto domesticado/conectado (Paul, 2020), que puede estar largas horas enchufado a un ordenador y desconectado de la vida social, pero altamente productivo, como intermediario del comercio en línea.

    En Honduras son pocas las empresas o instituciones que están vinculadas a esta nueva tendencia, por eso, quedarse en casa, no es una opción permitida, para los casi 6 millones de pobres que tiene nuestro país y que viven un día a la vez, una bolsa o un saco solidario, no es la respuesta para solucionar la pobreza endémica, ni contener esta nueva epidemia.

    El virus del COVID-19, nuevamente deja al descubierto el abandono de las instituciones de salud, el Estado hondureño, al igual que muchos de sus homólogos de otras regiones, no tiene respuestas concretas ni medidas claras para afrontar la crisis, se mencionan posibles estrategias: reducción de tasas de intereses, exoneración de impuestos directos, tarjetas de crédito sin recargo de intereses moratorios, al menos por un trimestre, pero todas esas opciones no dependen del Ejecutivo y en algunos casos, se incumpliría con acuerdos del FMI y BM, el estado hondureño, como siempre, está apagando fuegos y esperando la benevolencia divina, las medidas son espontáneas, alejadas de una mínima planificación, también, cabe preguntarse, hasta dónde están dispuestos a ceder los empresarios nacionales y las franquicias internacionales para que la región Centroamericana, no desencadene una crisis mayor que la del COVID-19, o vamos a morirnos todos en nuestras casas.

  • #3

    Marlon (martes, 31 marzo 2020 17:30)

    Acabo de ver esta invitación de El Taller y me animé a escribirles.
    Hace días leo por las redes y otras fuentes que el Covid 19 o coronavirus es una enfermedad que no distingue entre clases sociales, que se contagian ricos y pobres. Sin embargo, quiero hacer algunas reflexiones al respecto.
    Es cierto que el virus no discrimina clases sociales y ataca donde tiene la oportunidad de hacerlo, pero la forma como ingresa a un organismo si puede ser discriminativa, no es lo mismo que el príncipe de Inglaterra se haya contaminado por algún contacto indirecto que tuvo con alguno de sus numerosos sirvientes, porque sin duda así fue, que la forma como se contamina una persona cuya familia depende del ingreso del día a día y se ve obligada a salir de su casa para obtenerlo. Eso en primer lugar. A esto hay que agregar que las clases más privilegiadas tienen más acceso a la información y mejores posibilidades para prevenir la enfermedad, como agua en sus casas, techos que les garanticen seguridad, alimentación suficiente...
    Segundo aspecto. Es sabido el tratamiento discriminatorio que reciben las personas en los hospitales de los países más ricos del mundo, Italia, por ejemplo, donde la crisis rebasó su capacidad de ingresar pacientes y ha apelado a una ecuación pragmática que parte de calcular a quienes les restan más años de vida y quienes tienen más edad, condiciones de salud más precarias o menores esperanzas de recuperación.
    Finalmente, en países como el nuestro, donde todavía los ingresos más críticos no parecen copar el número de respiradores disponibles, sin duda que las ventajas estarán a favor de quienes tengan más contactos dentro del sistema de salud, o sean bendecidos por algún acto de corrupción que promuevan sus parientes, sin incluir aquellos pacientes que pueden costearse una atención privada, alejados de las cámaras, de las luces y de las proyecciones más seguras de morir.