¿Cómo se siente usted frente a esta crisis?

La ansiedad es natural en esta crisis, cuéntenos cómo la vive y cómo ayuda a otros a enfrentarla. 

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Comentarios: 5
  • #1

    Carlos (viernes, 27 marzo 2020 11:55)

    Me siento preocupada por la salud de mi familia y qué haría si alguno enfermera. Eso me provoca ansiedad.

  • #2

    Ana (viernes, 27 marzo 2020 12:30)

    Si bien me siento muy preocupada, sin tener idea de la dimensión del desenlace de esto (a veces mi mente va a lugares muy oscuros), trato de transformar ese miedo en solidaridad y poder transmitir al menos un poco de serenidad a mis familiares y amigos cercanos, para hacerles ver que saldremos de esto.

    Y más que rabia por la gente que sigue en las calles, siento empatía y un deseo profundo de colaborar en lo que sea. A veces vienen vendedores ambulantes a mi calle y compro lo que pueda (y lo desinfecto, desde luego), para apoyarles y que más rápido puedan regresar a sus hogares. Si conocer la realidad global ya es suficientemente difícil, no poder proteger y alimentar a la familia de uno en semejante crisis es drásticamente peor.

    Solo espero que al final esta crisis desnude más corazones que egoísmos. Solo así iremos saliendo de esto.

  • #3

    Odesa (viernes, 27 marzo 2020 15:33)

    A pesar de ser una persona muy optimista por ratos siento ansiedad de pensar en el futuro, en la paralización de la economía y en lo incierto de la situación.

    Pienso en las personas que viven del día a día que no pueden llenar una refrigeradora !!!

  • #4

    Ariel (viernes, 27 marzo 2020 17:20)

    Personalmente, me he ido adaptando día a día frente a esta alteración mundial que se metió en nuestras casas.
    En cuanto a mis rutinas, objetivamente la crisis no cambió tantísimo mi agenda, porque yo trabajo desde la casa. Pero claro, tampoco pasaba semanas enteras sin salir, sin ver a los familiares, a las amistades o los colegas de trabajo. Claro, no es lo mismo pasar de forma voluntaria algunos días adentro de la casa, a pasarlos por prohibición o precaución.
    Pero en realidad, en Honduras se vive a diario con ciertos elementos de una “cuarentena permanente”. Así que este virus tampoco es que nos ha alejado de los parques que no existen, de caminar por las noches, de salir a respirar tranquilamente el aire en los espacios públicos. Entonces no se puede “extrañar” lo que antes tampoco se tenía.
    Claro, inicialmente hubo un impacto que me quitó la concentración y me generó algunas sensaciones de ansiedad. Sobre todo, esos primeros días me afectó el “lenguaje” que utilizaron las autoridades para comunicar las medidas. Siempre resultan chocantes esos elementos autoritarios con los que se informan las decisiones en este país. Cuesta aceptar que un policía o un militar sea el portavoz de un Estado para enfrentar una crisis sanitaria. Que a esos personajes se les vea tan cómodos con términos como “toque de queda”; que no puedan utilizar, por ejemplo, la palabra “confinamiento” (tal vez porque alguna gente no lo entendería) … que se les vea tan cómodos dictando órdenes de prohibición. Esos términos como “toque de queda” o la “prohibición de algunas libertades individuales” arrastran antecedentes no tan gratos, se sabe que en la sociedad hondureña nace un efecto particular cuando los escucha. En la gente ese discurso invita a tener más miedo que precaución.
    Por otra parte, hay tanta desconfianza ante el Estado, que un virus como este se toma de otra forma. Porque uno sabe que en el gobierno los militares toman más decisiones que los científicos, que la palabra de un policía puede terminar pesando más que la de un epidemiólogo. Que políticos como los de acá, le prestan más atención a la biblia que a la OMS... También hay desconfianza con el manejo de los recursos, ¿cuál será el destino del dinero para enfrentar la emergencia? La respuesta puede ser predecible.
    Una vez pasado el impacto inicial, rápidamente identifiqué que el principal origen de mis preocupaciones se debía a la saturación de la información a la que me exponía, a que repentinamente el virus se había convertido en prácticamente el único tema de conversación. Que enfrentábamos una especie de “hiperrealidad”. De forma obsesiva. Entonces tomé cartas sobre el asunto y me alejé por completo de las redes, tomando la decisión de informarme solamente a través de vistazos rápidos a los titulares de medios de comunicación serios, que no solo pretenden alarmar a la gente.
    Rápidamente, con mi pareja nos fuimos reorganizando, adquiriendo rutinas que compartimos en conjunto. Ambos nos pusimos límites en el consumo de la información y poco a poco volvimos a hablar de otros temas. Despertamos aún más la creatividad por la cocina. Empezamos a hacer ejercicios juntos. A ver las películas que no habíamos podido ver por la falta de tiempo. A leer más. Retomamos proyectos conjuntos, personales, e incluso incorporamos nuevas distracciones que nos desenchufan por largos ratos de la situación.
    En estos días de una u otra forma (con el permiso de la tragedia de la crisis) “disfrutamos” tener el tiempo para hacer las cosas que la rutina normal nos pospone. Sin duda, hemos encontrado una buena dinámica.
    Esta especie de tranquilidad cotidiana, sin duda se nos permite porque sabemos que nuestros seres queridos están también tomando las precauciones necesarias, que todos nos estamos apoyando desde nuestros espacios (adentro y fuera del país), compartiéndonos sin estrés, nuestros días. Nos pasamos consejos, recetas, música, ejercicios, etc. Con esa confianza y tranquilidad de sentirnos siempre respaldados.
    Claro, preocupan las repercusiones que caerán sobre el país, a nivel mundial. Sabemos que esta crisis sanitaria se sienta encima de todas las demás crisis que se viven social y económicamente. De hecho, esta crisis acentuará las demás problemáticas, cayendo con mayor peso sobre la gente más desprotegida. Evidentemente eso preocupa. Pero bueno, hay que ir día a día.

  • #5

    Lucila Funes (sábado, 28 marzo 2020 12:21)

    Yo no puedo decir que estoy mal en mi casa, es más, me da pena decir que estoy bien cuando pienso en cómo lo estarán pasando muchas mujeres desacostumbradas a la presencia permanente del hombre, pero “acostumbradas” a su violencia. La casa, en circunstancias como esas no es un refugio contra el peligro.
    Hace poco escuché en un programa de televisión matutino reportar los incidentes policiales de la noche anterior, el periodista dijo algo así como: “la policía solo reporta denuncias por violencia intrafamiliar y doméstica, ningún delito grave”. Bajo esa perspectiva, las mujeres confinadas que son víctimas de violencia, solo están sufriendo “delitos menores”, no importa si su acumulación cíclica termine siendo tan letal como el coronavirus.